Cuando me dispuse a leer el libro de Nigel Barley, El antropólogo inocente, pensaba que sería un estudio antropológico exagerado hasta la comedia para atraer al gran público. Me equivoqué. Es un libro que cuenta una experiencia maravillosa desde una perspectiva absolutamente realista. La gracia está precisamente en la realidad del choque cultural que se produce cuando un occidental, que podemos ser cualquiera de nosotros, se introduce en un mundo ajeno al suyo en prácticamente todos los sentidos. Es difícil encontrar en un libro tal cantidad de situaciones divertidas, sobre todo tratándose de una monografía antropológica. Barley se introduce en el mundo de los dowayos y logra crear una verdadera historia, cálida de principio a fin, describiendo una seria de personajes hasta hacerlos entrañables para el lector.
Es verdad que el libro es un trabajo de campo, o al menos ese era el propósito de Barley cuando marchó a Camerún, pero el desarrollo es completamente atípico. Son aplicados los pasos convenientes en un principio, pero llega un momento en que los esquemas se rompen para dar paso a la improvisación sobre el terreno. Elige la comunidad que quiere estudiar; una vez allí, se identifica y es identificado, requiriendo de la figura de su ayudante Matthieu para introducirse. Es él quien le ayuda con la complicada lengua dowaya. A pesar de encontrarse con un pueblo relativamente receptivo y ser muy bien acogido, no se libra del inevitable shock cultural. Una vez superado éste, tampoco se puede decir que se integre plenamente. Como decía H.M. Velasco en un artículo sobre el trabajo de campo, “la integración total en una comunidad es un mito, (…) lo más que se logra es la condición de nativo marginal”, y esto último es lo que consigue Barley con los dowayos, que no es poco.
El concepto occidental de amistad, tan diferente del que se describe en este libro, hace que Barley, al regresar a Inglaterra, vea a todos sus amigos con otros ojos, exigiéndoles comportamientos que antes de su viaje no se hubiese planteado. Y es esclarecedora su reflexión sobre lo poco imprescindibles que somos en ningún sitio. Después de un tiempo de ausencia descubres que todo sigue igual, ha seguido funcionando sin ti. Quizás lo más cierto es que somos nómadas que no pertenecemos a ninguna parte, y allá donde nos encontremos, ese será nuestro lugar en el mundo. Por eso no hay que estancarse nunca.
Nigel Barley:
El antropólogo inocente
Anagrama – Crónicas
Barcelona, 2002
Harold Pinter, dramaturgo británico y ganador del Premio Nobel de Literatura 2005, acusó a Estados Unidos, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, de haber cometido crímenes sistemáticos con cientos de miles de muertos en todo el mundo y de haber sometido brutalmente a numerosos Estados.
Pinter grabó el discurso, de una hora de duración, poco antes de ser ingresado en un hospital de la capital británica, porque se encuentra enfermo de cáncer.
Su discurso posee fragmentos impagables:
La invasión a Irak fue un acto de bandidos, un acto de terrorismo de Estado abierto, que demostró el desprecio absoluto por el principio del derecho internacional.
El escritor aseguró que a Bush y a Blair les da igual la muerte de al menos 100.000 iraquíes por bombas y misiles estadounidenses.
Los Estados Unidos poseen 8000 cabezas nucleares activas y usables. Dos mil están en sus disparaderos, alerta, listas para ser lanzadas 15 minutos después de una advertencia. Están desarrollando nuevos sistemas de fuerza nuclear, conocidos como “destructores de búnkeres”. Los británicos, siempre cooperativos, están intentando reemplazar su propio misil nuclear, Trident. ¿A quién, me pregunto, están apuntando? ¿A Osama Bin Laden? ¿A ti? ¿A mí? ¿A mi vecino? ¿China? ¿París? Quién sabe. Lo que sí sabemos es que esta locura infantil – la posesión y uso en forma de amenazas de armas nucleares – constituye el meollo de la actual filosofía política de Estados Unidos. Debemos recordarnos a nosotros mismos que Estados Unidos está en una continua misión militar y no muestra indicios de aminorar el paso.
Leer el discurso completo de Harold Pinter: Arte, Verdad y Política
Es realmente difícil escribir un libro que no sea juvenil ni para adultos, y que sea ambas cosas a la vez. Ésta proeza la ha realizado Mark Haddon en su primera novela El curioso incidente del perro a medianoche, que se lee de un tirón, no sólo porque es entretenida, original y de fácil lectura, sino porque su argumento te absorbe por completo desde la primera hasta la última página.
Planteada como si de una novela policíaca se tratase, El curioso incidente… comienza con el asesinato de un perro, y Christopher, el niño protagonista, se propone resolver el caso. Ésto, que a primera vista puede resultar típico, es tan sólo la excusa que Mark Haddon utiliza para hablar de la vida en general y de los seres humanos y sus emociones en particular. Christopher sufre del síndrome de Asperger, un trastorno relacionado con el autismo, aunque no se dice en ningún momento de la trama.
El autor trabajó en su juventud con niños autistas, y utiliza todo lo aprendido para desarrollar el personaje principal, un niño apasionado por la lógica, la física, las matemáticas y, en definitiva, todo aquello que pueda ser explicado, demostrado o predecible. En su curiosa concepción del mundo, Christopher Boone establece determinadas reglas que le hacen la vida más fácil. Considera que ver pasar cinco coches rojos seguidos significa un día super bueno, cuatro coches rojos, un día bueno y, tres coches rojos, bastante bueno. Pero cuatro coches amarillos seguidos significan un día negro, lo que significa que no hablará con nadie ese día, solo leerá y no correrá riesgos. Éste es sólo un ejemplo del complejo mundo de Christopher, que utiliza la lógica deductiva y las fórmulas matemáticas para afrontar las emociones propias o las del mundo de los adultos, que no llega a comprender. No miente jamás porque no entiende las mentiras, al igual que es incapaz de expresar algo que no haya vivido. No entiende las metáforas, no come nada que sea marrón o amarillo, no sabe interpretar las emociones en un rostro, no soporta que le toquen, ni que se muevan los muebles de sitio, y gime y grita cuando se encuentra en lugares con mucha gente.
Como no quiero desvelar el argumento, reproduzco aquí el pequeño resumen que incluye la edición que me he leído:
A los quince años, la adolescencia es una dolorosa imposición biológica. Claro que no todos la padecen igual. Para Christopher Boone, el año de su decimoquinto aniversario será el más trepidante de su corta biografía. Se autoproclamará investigador de la extraña muerte de un perro y terminará por descubrir el inesperado misterio en que se ha convertido su familia. A través de su peculiar mirada sobre el mundo, Christopher tratará de resolver la complicada ecuación de tercer grado en que se ha convertido la realidad.
He intentado extraer algún fragmento del libro para mostrarlo aquí, a modo de muestra de los muy bien narrados capítulos, pero hay demasiados. Lo mejor será que busques un ejemplar, desconectes de todo lo demás y lo leas, porque no te vas a arrepentir. Mark Haddon ha conseguido una historia realmente original, divertida y muy interesante, y ya sabemos lo difícil que eso resulta en los tiempos que corren. Imprescindible.
Mark Haddon:
El curioso incidente del perro a medianoche
Editorial Salamandra
Barcelona, 2004
Recuerdo un libro de Bernardo Atxaga que leí hace muchos años, Obabakoak, una colección de historias mágico-realistas que me atrapó desde la primera página. La sorpresa ha sido ver ésta obra adaptada al cine por Montxo Armendáriz. Como siempre en estos casos, el libro supera a la película con creces; de hecho, el guión es una adaptación del original.
Pero si dejamos a un lado éste típico comentario, que todos solemos hacer al ver una película basada en un libro que hemos leído previamente, tengo que decir que Obaba es absolutamente deliciosa, entretenida, emotiva, en definitiva, una película muy recomendable. Además, ha sido la encargada de abrir, con éxito, la 53 edición del Festival Internacional de Cine de Donostia-San Sebastián.
Mi puntuación:

OBABA
España – Alemania, 2005 | 107 min.
Dirección: Montxo Armendáriz
Más información: Web oficial | Ficha en IMDb
Slh me ha enviado un testigo literario con un cuestionario a responder. Dice que me lo envía porque está segura de que en esta casa hay libros.
Estás atrapado en Fahrenheit 451, ¿qué libro te gustaría ser?
Ningún libro debe arder. Nunca.
¿Alguna vez te enamoraste de algún personaje de ficción?
No soy muy enamoradizo, y mucho menos de personajes de ficción.
¿El último libro que compraste fue?
El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon
¿Qué estás leyendo actualmente?
Ufff… algo más técnico que literario:
Diseño con estándares web, de Jeffrey Zeldman
Y algo más literario que técnico:
Amrita, de Banana Yoshimoto
Cinco libros que llevarías a una isla desierta:
El extranjero, de Albert Camus
Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa
La metamorfosis, de Franz Kafka
El principito, de Antoine de Saint-Exupéry
Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago
Aunque lo que no quisiera olvidar es algo para escribir, porque los libros se acaban…
¿A quién le pasas el testigo y por qué?
Se lo paso a Roberto Zucco, Cross, Sonela, Vir y Lukas, porque escriben demasiado bien como para no tener buenos libros entre manos.
Mikage Sakurai, la narradora de esta historia, queda sola tras la muerte de su abuela y su tristeza la lleva a refugiarse en la cocina. Yuichi Tanabe es un compañero de la universidad que le ofrece su casa para remediar su soledad. Entre ambos se crea un extraño vínculo que ya no podrán romper. Eriko es la madre de Yuichi, pero en realidad es un hombre que huye de todo convencionalismo y fascina a Mikage, por su manera de ser y porque revoluciona el concepto de “madre” hasta límites insospechados. No voy a contar más sobre el argumento de esta fábula que “se desarrolla entre ordenadores, electrodomésticos y sobre todo alimentos y guisos, pero también entre sentimientos de amor, amistad y complicidad”.
El libro comienza así:
Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quién ni cómo sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro. Si es posible, prefiero que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios, y los azulejos blancos y brillantes.
Incluso las cocinas sucísimas me encantan.
Aunque haya restos de verduras esparcidos por el suelo y esté tan sucio que la suela de las zapatillas quede ennegrecida, si la cocina es muy grande, me gusta. Si allí se yergue una nevera enorme, llena de comida como para pasar un invierno, me gusta apoyarme en su puerta plateada. Cuando levanto los ojos de la cocina de gas grasienta y del cuchillo oxidado, en la ventana brillan estrellas solitarias.
Sólo estamos la cocina y yo. Pero creo que es mejor que pensar que es este mundo estoy yo sola.
Cuando estoy agotada suelo quedarme absorta. Cuando llegue el momento, quiero morir en la cocina. Sola en un lugar frío, o junto a alguien en un lugar cálido, me gustaría ver claramente mi muerte sin sentir miedo. Creo que me gustaría que fuese en la cocina.
Kitchen es una novela de Banana Yoshimoto ideal para adentrarse en la literatura japonesa, ya que contiene muchos elementos de la tradición y de la modernidad de una cultura que, quizás por lejana, nos resulta fascinante. Pero es también una maravillosa descripción del horror y la belleza de la vida, con una tremenda aridez emocional en los personajes y sus vidas contada de manera sencilla y comprensible al lector. El vínculo que se crea entre todos estos seres que se mueven por el mundo de la soledad y la tristeza, sin emoción ni juicio, es el hilo salvador al que se sujetan, salvándose. La inmensa sabiduría tradicional del Japón que salpica Kitchen, sin caer en la evidencia, provoca una actitud envidiable ante la vida desamparada y provoca en el lector una sensación de bienestar a la que no estamos acostumbrados ni en la literatura ni en la sociedad occidental actual.
Apenas 150 páginas de deliciosa lectura que, en su aparente simplicidad, consigue tocar los cimientos más profundos de nuestras emociones. Al terminar el libro, yo ya no era el mismo. Os lo aseguro.
Banana Yoshimoto:
Kitchen
Tusquets Editores – Fábula
Barcelona, 2002
Decía Mario Benedetti que “un pesimista es un optimista bien informado”, y algo de razón tenía. En realidad, los seres humanos disponemos de un sistema de defensa ante el mundo que nos hace poder desconectar de todas sus miserias y negatividades. Afortunados los que pueden hacer uso de esta coraza y seguir sonriendo cuando todo a su alrededor se cae a pedazos. ¿Quién en sus plenas facultades de consciencia apostaría lo más mínimo por este sistema en que vivimos dentro de cincuenta años? Y digo cincuenta por utilizar el número que José Saramago, el genial nobel de literatura portugués, utilizó para decir algo así como que no daría nada por este mundo en apenas esos pocos años. ¿Catastrofista o realista? ¿Negativo o consciente? ¿Qué está pasando a nuestro alrededor? ¿Estamos todos ciegos?
Ensayo sobre la ceguera es una novela de Saramago que plantea esta situación y la lleva a extremos. Una ceguera colectiva que se contagia por la mera presencia, de modo que toda la humanidad, afectada de esta grave enfermedad, va perdiendo la visión paulatinamente hasta que se desata el caos más absoluto. Y la pregunta es: ¿qué ocurriría si en medio de esta catástrofe, una sóla persona mantuviese la capacidad de “ver”? ¿Qué sentiría? ¿Podría mantener alto su estado de ánimo? ¿Podría hacer algo por el mundo o, por el contrario, se abandonaría al sueño eterno de sus semejantes? ¿Sería capaz de soportar las bajezas humanas que tal enfermedad del alma provocaría a su alrededor? Y lo más importante, ¿cual sería su grado de responsabilidad como persona que “ve” entre tantos ciegos?
Recomiendo fervientemente a este gran escritor para formularnos todas estas preguntas y muchísimas más. Sin embargo, advierto: pese a que la novela se lee impulsivamente, pese a que el argumento es increíblemente entretenido y ameno, pese a su magistral control de la acción literaria, la conclusión no es positiva. No busques un “final feliz” porque no viene al caso.
Si estás dispuesto a renunciar a las falsas bondades de este mundo y a abrir los ojos, José Saramago te ayudará más que muchos medios de actualidad que lo pretenden consiguiendo justamente lo contrario. No importa tanto que en tal o cual sitio la situación esté mal. Lo preocupante es que en todo el mundo se está extendiendo un virus incontrolable que no sabemos dónde desembocará. ¿Ceguera colectiva, egoísmo desatado, falta de objetividad, egocentrismo como erróneo medio de supervivencia?
José Saramago:
Ensayo sobre la ceguera
Ediciones Alfaguara S.A. – Grupo Santillana
Madrid, 2003
1 páginas