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En el laberinto uno no se pierde, se encuentra. En el laberinto uno no encuentra al minotauro, se encuentra si mismo.

Un día el laberinto se convirtió en paisaje.

El minotauro se convirtió en alcantarilla, sumergiéndose en la ciudad.

Yo construí una casa en un árbol.

Por eso ahora formo parte del paisaje.

Gracias, Raquel.

He aquí un curioso laberinto de mosaico con un trazado peculiar que, a diferencia de la mayoría de laberintos romanos, es redondo. Procede del palacio del procónsul romano de Pafos en Chipre. El trenzado del camino representa el hilo de Ariadna y en el centro tiene lugar la lucha entre Teseo y el Minotauro, contemplada por tres personajes; Ariadna, un hombre y una mujer (posiblemente sus padres, Minos y Pasífae).

Este laberinto, quizás el más simbólico y antiguo conocido de cuantos existen, surgió en el área mediterránea durante la Antigüedad. Fue la prisión del Minotauro, un monstruo mitad hombre, mitad toro, que fué vencido por Teseo, héroe de la mitología griega. El principal significado simbólico del laberinto surge a partir de esta historia, representando así la vida y la muerte, el mundo subterráneo y la salvación, la reclusión y la libertad.
Jorge Luis Borges finalizaba su magnífico cuento, La Casa de Asterión, con esta frase:
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo. -El minotauro apenas se defendió.

El palacio real de Hampton Court, cerca de Londres, dispone de un pequeño y curioso laberinto. Visto desde arriba no parece complicado de recorrer, pero al nivel del suelo es mucho más difícil, porque la altura de sus arbustos nos hace perder la perspectiva general.
¿Cómo llegar al centro sin perderse ni una sola vez?
Durante tu recorrido, toca siempre con la mano derecha los arbustos del lado derecho del camino.

Aquellos que alguna vez hayan recorrido un laberinto, sabrán lo difícil que es andar sin ningún tipo de orientación. Esto es lo que ocurría en Stolp (Polonia), lugar en el que se encontraba el mayor laberinto sobre césped jamás construido, con un diámetro de 45 m y 19 galerías. Todo un reto para el gremio de zapateros de Stolp, que cada tres años celebraban una fiesta en la que danzaban dos personas, una fuera del laberinto y la otra adentrándose en él. Se exigía la máxima perfección en la danza, por lo que si alguno de los participantes daba un paso en falso, recibía fuertes abucheos de los allí presentes. El laberinto original fue destruido, pero se hizo una copia de él en 1935.
Aún es posible efectuar este tipo de rituales. Bastaría con dibujarlo sobre un terreno amplio utilizando una azada o esparciendo cal o arena. ¿Alguien se atreve?
A los que corren en un laberinto,
su propia velocidad los confunde.
Séneca
Durante al siglo XVI, existió en Padua (Italia) un arquitecto aficionado a los laberintos. Se llamaba Francesco Segale, y en su búsqueda de nuevos diseños laberínticos trazó complejos caminos en el interior de variadas figuras. Quizás una de las más representativas sea la del cuerpo humano. La carga simbólica de éste tipo de laberintos es escasa, ya que se basan únicamente en buscar la salida por el camino más corto. Aún así, me pareció interesante mostrarlo. La entrada se encuentra en el cabello y la salida en los genitales.
Jorge Luís Borges

El pavimento de la catedral de San Vitale en Rávena (Italia), famosa por sus extraordinarios mosaicos, presenta un impresionante dibujo octogonal. Junto al altar se encuentra un laberinto medieval cristiano de siete galerías, probablemente del siglo XVI. El camino está marcado por flechas que guían hacia el exterior y que conducen hasta una pechina, símbolo de la renovación y de la peregrinación.