Propongo una reflexión a partir de este sugerente y magnífico vídeo de animación: Doll Face de Andy Huang.
¿Vivimos en función de nuestros deseos? Y si esto es así, ¿hasta dónde seríamos capaces de llegar para conseguirlos? Es más, ¿son nuestros deseos realmente propios, o nos vienen impuestos desde el exterior? ¿Quiénes somos realmente, nosotros mismos o la imagen de nosotros que desde afuera nos han creado?
Cualquier realidad es mucho más valiosa que su prototipo virtual, un ideal creado únicamente para frustrarla y finalmente destruirla como entidad independiente, arrancándola de sus raíces.


2 comentarios ↓
1 aksen // 21 de Junio de 2008 a las 18:02 horas.
Excelente video, Ángel, que retrata fidedignamente por qué hay tantas personas que, no aceptándose, se sienten desgraciadas y acaban autodestruyéndose, intentando ser lo que no son.
Me viene a la mente lo que fran escribió hace unos días en “la buena estrella”.
El valor de la autoestima es importante en un mundo sobrecargado de mensajes externos en el que poco o nada eres si no tienes “un cuerpo danone”; si no utilizas tal cosmético “porque tú lo vales”; y tantos etcéteras con los que desde todos los medios nos bombardean.
Aquellos que no tienen “voluntad para enfrentarse con la propia realidad sin ambages, aceptarla y transformarla desde dentro de sí mismos” están condenados de antemano a la infelicidad. Y asumirse no es sinónimo de resignarse: es la batalla de cada día para ser quienes somos y que nada, ni siquiera nosotros mismos, contribuyamos a destrozarnos por anhelar imposibles.
Buen comentario hacía fran acerca de que solemos buscar la felicidad más en lo que deseamos y no tenemos, que en lo que la vida ya nos ha dado… y nos sigue dando cada nuevo día.
La negación del propio yo y de la propia realidad puede convertirnos en muñecos rotos.
2 Carmen // 24 de Junio de 2008 a las 10:38 horas.
Un hombre que desee ser algo distinto de lo que es: miembro del Parlamento, tendero boyante, abogado prominente, juez, o cualquier otra cosa igualmente aburrida, conseguirá, sin duda, ser lo que desea. Ese es su castigo; los que desean una máscara tienen que llevarla puesta.
(De profundis - Oscar Wilde).
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