En esta calle me sentí feliz, caminando hacia un magnífico parque de estilo japonés. Recorriendo sus aceras dejaba atrás todo recuerdo pasado y divisaba el futuro con una mirada nueva y límpia, llena de posibilidades. Hoy recuerdo ese momento en el que, mirando al suelo, enfoqué con mi cámara fotográfica los adoquines que pisaba y capté el momento para no olvidarlo. Y es que hoy he vuelto a sentir algo indescriptíblemente emocionante.
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AUDIO:
Intérprete: Rodrigo Leão & Vox Ensemble
Tema: Ruas
Álbum: Ave mundi luminar (1993)
4 comentarios ↓
1 Isabel // 1 de March de 2008 a las 0:46 horas.
Eso es lo bueno que tiene la memoria,nos ofrece revivir tantas veces como podamos los mejores momentos de la vida.
Portugal no sería la que es sin esos pequeños adoquines blancos ¿verdad?
Ciertamente, nada tendría sentido sin nuestra memoria,Ángel.
Bellos recuerdos,amigo.Como esa preciosa melodía,maravillosa…
Si tienes el tema disponible,¿podrias enviármelo a mi correo,por favor?Gracias.
Un abrazo.:-)
2 Isabel // 1 de March de 2008 a las 0:59 horas.
Perdona Ángel,ya no hace falta que atiendas mi petición,la he conseguido ya.
Buen fin de semana.
Gracias igualmente por haberme dado a conocer esta magnífica música .
3 suigeneris // 1 de March de 2008 a las 1:27 horas.
Me encantan esas aceras irregularres, resbaladizas, imprecisas, humanas, imperfectas.. de casi cualquier ciudad de Portugal…
Esas piedras se llaman teselas… y yo me quedo embobada viendo como las colocan una a una tallándolas para que más o menos encajen, a una velocidad pasmosa.
Confieso que siempre que voy a Lisboa vuelvo a casa con una tesela en la que escribo algo, aunque luego las regale…
Me trajiste recuerdos, y la foto, extraordinaria…
4 Ángel // 1 de March de 2008 a las 12:19 horas.
Es cierto, Isabel. Las calles de Lisboa no serían lo mismo sin esos adoquines. Me alegra que te guste la música. Te la hubiese hecho llegar, pero ya la tienes, así que… ¡disfrútala!
Hace unas semanas que andaba por Lisboa bajo la lluvia. Me resbalé con todo el agrado del mundo caminando por esas “teselas” (gracias por la definición, suigeneris, yo las llamo adoquines y ahora veo que no es lo mismo). Le dan a la ciudad un estilo único e imperfecto, especial, parte de la grandiosa y decadente estética que hace de ella uno de mis lugares favoritos en el mundo. Siempre es un placer volver.
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