Es emocionante cuando alguien te regala un poema, sea suyo o no. Tan emocionante me resultó recibir estos versos de Eugénio de Andrade que no me resisto a que queden aquí grabados, a sangre y fuego, para no olvidarlos.
He estado sentado en esta piedra
escuchando, por decirlo así, el silencio.
O en el lago caer un hilillo de agua.
El lago es el estanque de aquella edad
en la que no tenía el corazón
herido. (Porque el amor, perdona que lo diga,
¡duele tanto! Cualquier amor, incluso el nuestro,
tan hecho de privaciones.) Estoy donde
siempre estuve: tan cerca de ser agua.
Envejeciendo en el rumor del caño
por el que tan sólo corre el silencio.
Eugénio de Andrade, Todo el oro del día

3 comentarios ↓
1 Isabel // 19 de febrero de 2008 a las 1:14 horas.
Es una preciosidad el poema…
Qué envidia sana me das,Ángel.
Un abrazo.
2 Spirit // 19 de febrero de 2008 a las 13:53 horas.
Qué bonito… elegante y reconfortable.
Cuídate, besos y un big abra:
Spirit of dreams;) (f)
3 Ángel // 19 de febrero de 2008 a las 18:47 horas.
Me recorrió un “nosequé” por dentro cuando lo leí y quise compartirlo, tal y como hicieron conmigo.
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