ven a mi dulce melodía
para mí, sólo para mí
que te escucho
cual canción popular callejera
entre la algarabía de lo pueril
tornado espanto estival
ven
sin hilos que te sujeten fuerte
sin afirmarte en tu desgana
confeccionada de ausencias
tantas, que hoy te reclamo como nueva
fuente o surtidor de escondidos afectos
sin posible liberación hasta que te grito
ven
te suplico, ven
con el pelo ondeando algas marinas
limpias de sal
ven con el alma enroscada al cuerpo
enteramente tuyo
sin compartir, ven
a mis calles prestas a abrirse
a mi canto recién rodado
a mis ruegos de libertad en los lazos
atados con suavidad
al borde del corazón
para mí, sólo para mí
que te escucho
cual canción popular callejera
entre la algarabía de lo pueril
tornado espanto estival
ven
sin hilos que te sujeten fuerte
sin afirmarte en tu desgana
confeccionada de ausencias
tantas, que hoy te reclamo como nueva
fuente o surtidor de escondidos afectos
sin posible liberación hasta que te grito
ven
te suplico, ven
con el pelo ondeando algas marinas
limpias de sal
ven con el alma enroscada al cuerpo
enteramente tuyo
sin compartir, ven
a mis calles prestas a abrirse
a mi canto recién rodado
a mis ruegos de libertad en los lazos
atados con suavidad
al borde del corazón
AUDIO:
Intérprete: Madredeus
Tema: Vem (Além de Toda a Solidão)
Álbum: O espirito da paz


3 comentarios ↓
1 Isabel // 2 de diciembre de 2007 a las 1:49 horas.
Bellísimo poema;transparente y refrescante como el canto del agua.
Todo lo que sentimos acaba brotando,como una energía acuática y fluida,nadie le pone puertas a la fuerza del viento,del agua y del corazón.:-)
Con mi afecto,Ángel;feliz fin de semana.
2 Ángel // 2 de diciembre de 2007 a las 10:09 horas.
Lo que ha de ser, no hay nada ni nadie que lo detenga, pero sólo lo que ha de ser…
Buen fin de semana para ti también, mi querida Isabel.
3 Carmen // 16 de abril de 2008 a las 9:26 horas.
Estaban allí, pasado el tiempo,
en cualquier otro lugar,
pero lejos.
Nuevamente,
distantes el uno del otro,
los ojos fijos, las palabras sin vida,
una copa inacabada, los labios entreabiertos,
intentando decir, …¡quién sabe!….
El tiempo corre demasiado aprisa,
son las dos de la tarde,
están angustiados.
en todo el camino ninguno de los dos habla,
se miran, se vuelven a mirar… nada…
Sin embargo estaban allí, pasado el tiempo,
en cualquier otro lugar,
pero lejos.
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