
Este laberinto, quizás el más simbólico y antiguo conocido de cuantos existen, surgió en el área mediterránea durante la Antigüedad. Fue la prisión del Minotauro, un monstruo mitad hombre, mitad toro, que fué vencido por Teseo, héroe de la mitología griega. El principal significado simbólico del laberinto surge a partir de esta historia, representando así la vida y la muerte, el mundo subterráneo y la salvación, la reclusión y la libertad.
Jorge Luis Borges finalizaba su magnífico cuento, La Casa de Asterión, con esta frase:
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo. -El minotauro apenas se defendió.

4 comentarios ↓
1 Aurora // 12 de marzo de 2006 a las 17:25 horas.
Me encanta entrar por aqui y ver que estás otra vez, que me cuentas unas historias y cosas la mar de interesantes. Gracias. Con lo que me gusta viajar y conocer, tú lo haces posible.
2 Vir& // 13 de marzo de 2006 a las 7:56 horas.
Qué complejas las significaciones del Laberinto.
Ese final del cuento es conmovedor. Supremo.
3 Agustin // 5 de marzo de 2007 a las 12:07 horas.
Mi profesora de Tai Chi Chuan nos invitó a pasar un día en su casa, en la montaña. El lugar tenía una energía especial.
Por el jardín, y pasando bajo un gran árbol centenario, corría un camino que te llevaba a un claro; en el lado oeste de la finca.
Allí, cuidadosamente alineados en el suelo, unos mahones blanquecinos extraídos de las ruinas de una vieja bodega dibujaban un sinuoso laberinto.
Nuestra profesora nos invitó a recorrerlo. Nos explicó que debíamos pensar en algun problema o encrucijada de nuestra vida. Quizá el recorrerlo nos orientaría hacia la solución. Parecía una tontería, así que varios de nosotros nos adentramos en aquellas formas caprichosas.
Al principio parecía que iba en la dirección correcta, caminando hacia el centro. Pero pronto empecé a dudar (aún habiendo un solo camino). Veía a compañeros pasar a mi lado por otros pasillos y parecía que todos nos habíamos perdido. Llegué a pensar que estábamos saltando las filas de mahones sin querer.
Pero no era así. Luego creí llegar ya al centro, pero no. Quedaban unas pocas vueltas. Lo veía tan cerca y sin embargo tardaba tanto en llegar…
Por fin, y casi sin esperarlo, el camino llegaba a su fin. ¿Ya? Merecía la pena parar un instante y disfrutar el momento.
No recuerdo en qué pensé. Pero recuerdo la sensación. Mi profesora y algunos compañeros esperaban fuera del laberinto, a apenas tres metros del centro. Cuando me giré para emprender el camino de vuelta los vi. Estaban tan cerca… y yo tenía la sensación de haber caminado un largo camino. Me sentía lejano a ellos. Era mi espacio, mi momento.
Deshice el laberinto y salí.
Desde fuera tan sólo se veían unas cuantas personas caminando tímidamente por el dibujo que forman unos mahones en el suelo.
Era un laberinto cretense.
4 N@t@$h@ // 19 de septiembre de 2007 a las 1:31 horas.
El amor es como un laberinto en el que a uno le gusta perderse…
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