El cuerpo humano como laberinto

laberinto
El cuerpo humano como laberinto

Durante al siglo XVI, existió en Padua (Italia) un arquitecto aficionado a los laberintos. Se llamaba Francesco Segale, y en su búsqueda de nuevos diseños laberínticos trazó complejos caminos en el interior de variadas figuras. Quizás una de las más representativas sea la del cuerpo humano. La carga simbólica de éste tipo de laberintos es escasa, ya que se basan únicamente en buscar la salida por el camino más corto. Aún así, me pareció interesante mostrarlo. La entrada se encuentra en el cabello y la salida en los genitales.

15 Comments

  1. Pingback: ENTRE MIS LIBROS… MI PROPIO LABERINTO. « las huellas de las palabras

  2. patricia sara javier

    soys unos cochinillos al estar pasando el dedo por ……. los genitales no es una buena solucion la salida es otra pero si os la dijera no seria justo intentar resolverlo solos

  3. cami

    caramobolas!!

    este laberinto veradaderamente no tiene fin!!

    q deprimente fue encotrarme con este enigma… jaja…

    creanme— en verada estube 3 hs… :S

    mierda!

    bueno me retiro…
    lo d la histori no se los creoo!!!!!!!!!!!!

    chauu!!
    salu2!

    los amo!

  4. A mí también me gusta perderme en el laberinto de su cuerpo… En fin. Este post me ha recordado la historia -muy cortita, incluída en El Aleph- de los dos reyes y los dos laberintos, de Borges. A saber:
    Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso”.
    Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere.

    El libro completo (y otros) os lo podéis descargar aquí http://elortiba.galeon.com/bagayos2.html

  5. Imagino a los intestinos convertidos en complejos drenajes de sentimientos mezclados con la racionalidad gris , y en el laberinto
    la salida coincide con un estallido…

    Quiero pensar en la serenidad que llega luego…

    Un valioso obsequio das a tus lectores, querido Ángel. Ese fue el primer libro de Nietzsche que leí.

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