Saliendo de la rambla de Cobaticas, la brisa marina y el olor a sal se hacen evidentes. Nos subimos a un promontorio para mejorar la perspectiva que se abre ante nosotros y observamos los rasgos más característicos del amplio y variado paisaje en torno a las Salinas del Rasall, allá al fondo, que a modo de espejo bien parecen un oasis en la distancia precedido por el saladar y los abandonados bancales, que antaño fueron soporte de la agricultura de quienes por aquí habitaron hasta hace poco más de 50 años. También avistamos desde este punto las ruinas de una antigua casa cúbica, siendo testigos de cómo construir una vivienda con los materiales que la naturaleza a nuestro alrededor nos quiera ofrecer.
Nos ponemos en la piel de estas gentes y de sus actividades: cultivos de secano, apicultura, pastoreo, minería, caza, pesca, extracción de sal,… Las posibilidades de vivir en conjunción con el medio se hacen patentes. Es media mañana y decidimos dar cuenta del esperado almuerzo que nos permita continuar la marcha con fuerzas suficientes para todo lo que aún nos aguarda.
Dejando a nuestra izquierda esos antiguos cultivos, hoy eriales, nos adentramos en una zona donde cambia el sustrato del suelo y la vegetación, el saladar, donde comprobamos por nosotros mismos las diferentes adaptaciones de la flora a las extremas condiciones derivadas del exceso de sal, llegando finalmente a las salinas. Son estas un ejemplo de la transformación de un humedal para favorecer la explotación de sal, valorándolo como ejemplo de la intervención positiva del hombre en la naturaleza, al crear un ambiente que enriquece enormemente el entorno. Pensamos en la necesidad de mantenerlas, así como en las nefastas consecuencias derivadas del abandono de este tipo de ecosistemas, pero no desfallecemos y proseguimos la marcha en dirección, ahora sí, al mar, acercándonos a las dunas fósiles.

9 comentarios ↓
1 amanda // 19 de abril de 2005 a las 16:14 horas.
Pues cuanto más leo, más me apetece.
Un beso.
2 Palo Cantamañanas // 19 de abril de 2005 a las 16:48 horas.
La primera foto es la leche…me ha encantado.
3 rásselas // 19 de abril de 2005 a las 17:31 horas.
Es una pena que amenacen todo eso con la plaga de los campos de golf. Al igual que en Cabo Cope.
4 Roberto Zucco // 19 de abril de 2005 a las 20:58 horas.
No sabes la envidia que me das.
5 sonela // 19 de abril de 2005 a las 21:31 horas.
Ángel, que me estas poniendo los dientes largos y el pié casi en el acelerador…
Un beso impaciente por las vacaciones
6 Marta // 20 de abril de 2005 a las 11:53 horas.
La primera foto es impresionante. Es cierto que la naturaleza se va “adaptando” a las diversas consecuencias, que en teoría, el hombre hace o destruye.
7 Ángel // 20 de abril de 2005 a las 13:44 horas.
Me alegra mucho que os guste este paisaje que para mí es tan habitual. Si alguna vez venís, buscadme debajo de la piedras, o preguntad por mí. Quien quiere encontrar, encuentra.
8 Caribe // 20 de abril de 2005 a las 15:57 horas.
En q parte del mundo queda esto? Llegue por Adica, soy de Veneblogs pero poco leo diarios fuera del directorio, saludos desde Delaware, aunque soy Venezolano y todavia cargo el sabor de la riviera maya rondando en la sangre de este fin de semana. Me gusta mucho leer sobre viajes.
9 Alma // 20 de abril de 2005 a las 20:29 horas.
ainssssssssssss, qué cantidad de veces he estado yo por ahí, da gusto ver coçómo relatas un día por allí;)
Cuídate, besos y un big abra:
Alma;) (f)
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